You are currently browsing the tag archive for the ‘relaciones’ tag.

A veces, como espectador acérrimo, me fijo en ciertos comportamientos humanos que no sé muy bien si vienen de un subconsciente colectivo amarrado a la herencia del franquismo o, por el contrario, viajan con nosotros desde tiempos inmemoriales. Se trata de las bambalinas de hechos que acontecen, de interioridades donde se prepara una realidad cocinada más amable, de la intimidad más dura de donde luego emergerá el acto o la noticia social ya listos para el mercadeo.

A veces, como espectador acérrimo, me fijo en ciertos comportamientos humanos que no sé muy bien si vienen de un subconsciente colectivo amarrado a la herencia del franquismo o, por el contrario, viajan con nosotros desde tiempos inmemoriales. Se trata de las bambalinas de hechos que acontecen, de interioridades donde se prepara una realidad cocinada más amable, de la intimidad más dura de donde luego emergerá el acto o la noticia social ya listos para el mercadeo.

Seguro que ustedes conocen esos síntomas en sus lugares de trabajo, en sus oficinas, en sus barrios, en el diminuto ámbito de donde, en teoría, uno tenía que proyectar su mejor comportamiento para luego ensancharlo en aventuras más grandes. Pero a veces no es así, y se encontrará con que su mando intermedio, por poner un ejemplo, es una mala lotería que le ha caído en desgracia, cuya mera ambición es la colección de medallas poco éticas que irá ganando a su costa; a la de usted. O el discurso cínico de ideas, muchas veces heredadas de verdaderos ideólogos, pero que se pervierten en quienes las utilizan para su propio lucro, sin haber interiorizado lo que de esenciales llevan y, por ende, razón inexcusable para llevarlas a la práctica, aunque su cinismo inagotable siempre se queda en un peldaño más abajo.

Ustedes habrán comprobado, también, que el mando intermedio, verbigracia, tienen una personalidad pueril y reversible. Por un lado se humilla y dobla la cerviz ante el patrón con parsimoniosa elegancia y no pocas tragaderas; por el otro, sin embargo, saca el chacal fascista que lleva dentro y termina hincando las fauces rencorosas en la piel indefensa de sus subordinados. Se produce como un trastorno bipolar, o una hipocresía, digna de un estudio parsimonioso y científico. Y de esta prole de acomodados, vegetativos y eminentemente conservadores; aparte de imprevisibles en el arte del engaño, no se puede esperar coraje empático, ni solidaridad, ni predisposición para una mejora sustancial que beneficie a todos. No son éticos, ni personas buenas, ni candidatos espontáneos para la colaboración en equipo.

Bien, pues si esto sucede diariamente en ámbitos pequeños, sin visos de modificación porque muchas veces no son perceptibles a la galería y se cuecen en actos sublimes casi escondidos de la realidad, ¿cómo nos vamos a embarcar en ideales más grandes, de los que con facilidad se nos llena la boca, pero que sin embargo partimos con carencias profundas en valores mínimos de los que teníamos que estar de acuerdo? ¿O es que nos va la representación continua para hacer perenne el teatro de la vida?…

Anuncios

Investigaciones científicas apoyan el hecho de que los abrazos son absolutamente necesarios y muy recomendables para el bienestar físico y emocional

Definición de abrazo: según el diccionario significa estrechar o ceñir con los brazos.
Pobre definición para un acto tan completo como este, capaz de expresar sentimientos que a menudo, las palabras no pueden o no logran definir.

¿Qué es la Abrazoterapia?

El término se le atribuye a Kathleen Keating, quien escribió un libro, sencillo pero con mucho talento, humor y calidez sobre el tema de los abrazos. “Abrázame”. (ED. Javier Vergara).

Para mi, la definición perfecta sería una “sesión de mimos”.

¿Quien no necesita mimos hoy en día en esta sociedad, cada vez más fría, competitiva, que constantemente nos invita al individualismo, al reto de las metas personales…? Nos hace falta tocarnos más, “sentirnos”, retroalimentarnos de energía.

La principal barrera que nos impide ser más generosos con las caricias y los abrazos es que ello implica exponer nuestros sentimientos y hacer gala de una sensibilidad que, ni esta de moda ni nos gusta mostrar. Así es que el primer paso para llegar a ser unos buenos “abrazantes” (nótese el parecido con “amantes”), sería abrir nuestro corazón y nuestro cuerpo a todas las sensaciones, olvidándonos un poco de esos molestos sentimientos de vergüenza, timidez, ridículo… que nos coartan y nos alejan del bienestar, y lanzarnos a la aventura de la experimentación.

Los requisitos de la Abrazoterapia

Para abrazar solo se necesita, una persona dispuesta a recibir y a mostrar su vulnerabilidad-abrazado y otra, preparada para aventurarse a entregar una pequeñísima parte de si mismo “abrazoteapeuta”.

Y además…

  • Estar dispuestos a sacar el niño que llevamos dentro.
  • Explorar y ponerse en contacto con la parte divina que todos poseemos.
  • Honestidad y sinceridad.
  • El abrazo precisa valentía para ser vulnerable, y conlleva el riesgo de que nuestro abrazo sea rechazado o mal interpretado.
  • El abrazo es asexual, cuidado con abrazar indiscriminadamente a cualquiera.
  • Afirma y aumenta nuestra capacidad de compartir.
  • Armoniza los corazones de los amigos.
  • El abrazo crea cierto tipo de adicción al cariño, al altruismo, la alegría…
  • Al igual que la risa, ¡es altamente contagioso! Y puede provocar fuertes reacciones de celos en quien nos ve abrazándonos y no se atreve a participar del abrazo.
  • Un abrazo cariñoso, consolador o juguetón, no es lo mismo ni debe ser empleado igual que el abrazo del amante. El abrazo íntimo es otro tema.

Decálogo del abrazoterapeuta

  • Sea cual sea tu abrazo, que brote siempre del corazón, no de la mente.
  • Invéntate nuevas y variadas formas de abrazar.
  • Busca nombres curiosos o divertidos a tus abrazos.
  • Conviértete en abrazoterapeuta a tiempo completo.
  • Ten siempre un abrazo “a mano” para ofrecérselo a alguien.
  • Se observador y prudente con los límites físicos del otro.
  • No trates de imponer tu visión o tu filosofía a nadie.
  • Prueba a abrazar del mismo modo, a aquellos que no te caen tan bien, que a los que te resulte más – fácil.
  • Adereza tus abrazos con sonidos, risas, palabras…
  • Aprende a pedir abrazos para ti siempre que los necesites o desees gozar de ellos.

El alma encuentra muchas formas de expresar lo que uno siente, haz del abrazo una de ellas…

  1. Diagnóstico: qué tipo de soledad es la que estamos sufriendo y a qué circunstancias se debe.
  2. Conocernos bien. Dejemos a un lado el miedo a mirar dentro de nosotros, y afrontemos la necesidad de saber cómo somos: nuestras ilusiones y ambiciones, limitaciones y miedos, quién quiero ser, cómo me ven, cómo me veo…
  3. Fuera la timidez. Tomemos la iniciativa para conseguir nuevas relaciones. Establezcamos qué personas nos interesan, y elaboremos una estrategia para contactar con ellas.
  4. No hay nada que perder. El miedo al rechazo es un freno para entablar nuevas amistades o amores. El objetivo es importante, no nos andemos con remilgos.
  5. Sin victimismos. El mundo resulta en ocasiones cruel, vulgar y materialista, de acuerdo. Pero seguro que hay otras personas que pueden estar deseando conocer a alguien como nosotros.
  6. Encerrarnos en nosotros mismos es reconocer la derrota. A la mayorìa la soledad nos hace daño, y nos sienta mejor tener con quién hablar, intimar y a quién querer.
  7. No somos tan raros como a veces pensamos. No hay más que hablar en profundidad y confianza con cualquier persona para comprobarlo. Podemos “llenar” a más gente de la que creemos y nos pueden resultar atractivas muchas personas que tenemos muy cerca.

Continuación del artículo anterior….

La ausencia de un ser querido

Cuando (por separación en la pareja, fallecimiento de un ser querido u otra causa) desaparece de nuestra vida alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio estelar en nuestra cotidianeidad, nos invade una particular sensación de soledad, un vacío, una nada enmudecida que nos sume en la tristeza y la desesperanza. Hemos de sobrellevar la dolorosa percepción de horfandad, de ausencia de una persona insustituible. Nos vemos perdidos y sin referencias en las que antes nos apoyábamos para afrontar la vida.
Somos seres sociales que necesitamos de los demás para hacernos a nosotros mismos. Y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar y revalidar nuestra autoestima, ya que ésta se genera cada día en la interrelación con las personas que nos rodean.
La pérdida es irreemplazable pero no debe ser irreparable. Ese hueco o, mejor, su silueta, quedará ahí pero si nos permitimos sentir la tristeza y nos proponemos superarla a base de confianza en nosotros mismos, podremos reunir fuerzas para establecer nuevas relaciones que cubran al menos parcialmente ese déficit de amor que la ausencia del ser querido ha causado. Hemos de intentar que la carencia de esa persona no se convierta en una carencia general de relaciones. Esta soledad es dolorosa, pero puede convertirse en positiva si la interpretamos como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarnos bloqueados. Y para generar recursos y habilidades para continuar transitando satisfactoriamente por la vida. Debemos interiorizar y controlar el dolor, sabiéndolo parte inherente a la vida, aprendiendo a no temerlo y a no mantenernos al margen del sufrimiento como si de una debilidad o incapacidad se tratara. Quien sabe salir del dolor está preparado para disfrutarla la plenitud en momentos venideros.

La soledad social

La de quien apenas habla más que con su familia, sus compañeros de trabajo y sus vecinos es una soledad muy común en este mundo nuestro. Nos sentimos incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes nos rodean, tememos miedo que nos hagan o nos rechacen. Plantamos un muro a nuestro alrededor, nos encerramos en nuestra pequeña célula (en ocasiones, incluso unipersonal) y vivimos el vacío que nosotros mismos creamos y que justificamos con planteamientos como “no me entienden”, “la gente sólo quiere hacerte daño”, “para lo único que les interesas es para sacarte algo”, “cada vez que confías en alguien, te llevas una puñalada”. Si la soledad es deseada nada hay que objetar, aunque la situación entraña peligro: el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento difícilmente sustituible para asentar una vida feliz. Es una meta difícil y las estructuras y hábitos sociales de nuestra civilización frenan este empeño de hacer y mantener amistades, pero merece la pena empeñar lo mejor de nosotros en el intento.

Esa soledad no deseada puede convertirse en angustia, si bien algunos se acostumbran a vivir solos. Se revestirá esta actitud de una apariencia de fortaleza, autosuficiencia, agresividad o timidez. Y todo, para esconder la inseguridad y el miedo a que no se nos quiera o no se nos respete.

Hay también otras soledades indeseadas, como esas a las que se ven abocadas personas mayores, amas de casa, o quienes muestran una orientación sexual no convencional, o quienes sufren ciertas enfermedades, incapacidades físicas o psicológicas o imperfecciones estéticas.

Un estado transitorio, nada más

La soledad es una situación que hemos de aspirar a convertir en transitoria y que conviene percibir como no forzosamente traumática. Podemos mutarla en momento de reflexión, de conocernos a fondo y de encontrarnos sinceramente con nuestra propia identidad. Hay un tiempo para comunicarnos con los demás y otro (que necesita de la soledad) para establecer contacto con lo más profundo de nosotros mismos. Hemos de “hablar” con nuestros miedos, no podemos ignorarlos ni quedarnos bloqueados por ellos. Es conveniente que, en ocasiones, optemos por la soledad. En suma, equilibremos los momentos en que nos expresamos y atendemos a otros, y los que dedicamos a pensar, en soledad, en nuestras propias cosas.

Un artículo publicado en Consumer.

Tres características definen la soledad: es el resultado de relaciones sociales deficientes, constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo; y, por último, resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.

La soledad, salvo excepciones, es una experiencia indeseada similar a la depresión y la ansiedad. Es distinta del aislamiento social, y refleja una percepción del individuo respecto a su red de relaciones sociales, bien porque esta red es escasa o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial. Se distingue dos tipos de soledad: la emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad, y la social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones. Parece, por otro lado, que la soledad está relacionada con la capacidad de las personas para manifestar sus sentimientos y opiniones.

Cuando nuestra habilidad para relacionarnos es deficiente, aumenta la probabilidad de que nos quedemos solos ya que las relaciones que mantenemos son menos entusiastas y empáticas. En general, las personas con problemas de neurosis se muestran convencidas de que no resultan amables ni dignas de ser apreciadas, y rechazan cualquier tipo de amigos potenciales con el objetivo de protegerse a sí mismos del posible rechazo. La soledad esta muy relacionada con la pérdida de relaciones con ese conjunto de personas significativas en la vida del individuo y con las que se interactúa de forma regular. La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y que se tiende a vincularla con estados de tristeza, desamor y negatividad, obviando los beneficios que una soledad ocasional y deseada puede reportar.

Continúa en el artículo siguiente….

Cierto día, al despuntar el alba, una joven y vigorosa avispa amarilla se dispuso, como era habitual, a salir en busca de una jugosa abeja, su presa favorita. Mientras afilaba sus mandíbulas y se acicalaba, sus compañeras la rodearon y comenzaron a cuchichear entre sí. Sentían gran admiración por ella, pues rara vez regresaba al panal con el estómago vacío, pero al mismo tiempo le temían, porque era jactanciosa, ruda y pendenciera.

Anda, compañera, ten un poco de consideración con nosotras y dinos cuál es tu secreto, le dijeron. Vamos, dinos qué deberíamos hacer para alimentarnos tan bien como tú… ¡Ciegas y tontas!, les gritó la ríspida y engreída. ¡Torpes e ingenuas! ¿Acaso no se han dado cuenta de que las abejas y nosotras, las avispas amarillas, somos casi idénticas? ¿Nunca han reparado en eso? Ya que tanto insisten, ese es el secreto, y claro —dijo frotándose las patas y exhibiendo una mueca burlesca— mi audacia y mi ingenio. Nunca temo acercármeles a tres o a cuatro abejas, y hasta a doce, si es del caso. He aprendido a volar como ellas, a saludar como ellas, a ser como ellas. Impregno mi lengua de néctares deliciosos y les digo: Ea, queridas amigas mías, síganme, síganme que allí donde yo voy abunda el alimento. Y las abejas me siguen, por supuesto, y las conduzco a un agujero, y las encierro, y las debilito, y luego mmmmm, banqueteo.

Ese es uno de mis trucos favoritos, y bueno, ya es suficiente por hoy, ¡invéntense los suyos y hasta luego! Entonces la avispa soltó una risotada maliciosa y emprendió el vuelo.

Al cabo de media hora, una ráfaga de viento la desvió bruscamente hacia la dura corteza de un árbol, chocó, cayó al suelo y perdió el conocimiento. Cuando despertó, observó que tres abejas revoloteaban alrededor de unas hermosas y fragantes flores amarillas. Intentó unírseles, pero tenía tres patas rotas y un tremendo mareo. Apenas pudo alzar la voz para llamar su atención. Amigas, amigas, aquí, aquí abajo, socórranme o me muero… Las abejas descendieron y comprobaron que la pobre moriría si no recibía auxilio. Entre las tres la sujetaron y la transportaron hasta el panal lo más pronto que pudieron.

Una vez allí, la avispa recibió todo tipo de atenciones y cuidados. Tendrás que permanecer no menos de tres semanas aquí, y luego podrás regresar a tu panal… Y a propósito, ¿tu panal está muy lejos?, le preguntaron sus benefactoras. Esteee, no, queridas, no, la verdad no está muy lejos. Queda cerca de la Colina del Arco Iris, allí donde cantan las cascadas y donde los peces plateados saltan y juegan todo el día. Los árboles son tan altos que les hacen cosquillas a las nubes y las hacen llorar de la risa, y… y…

Las tres abejas obreras se sentían orgullosas de su buena obra, hasta que un buen día un grupo de abejas adultas, muy mayores, se acercaron y les dijeron: Abejas bienhechoras, cuidado, no es una abeja en desgracia a la que cuidan, es una avispa solapada, artera y maliciosa. ¡Se equivocan, es abeja, es abeja!, respondieron en coro, indignadas. Es amable, cariñosa y nos cuenta mil cuentos; su lengua trae dulcísimas esencias que muy pronto probaremos. Advertidas están —replicaron las mayores; dejen que se cure y ya veremos.

Sanó la avispa y, en una espléndida mañana, dijo: Ustedes, mis tres auxiliadoras, y todas aquellas que quieran seguirme, vengan conmigo. Prometo pagarles los favores con dulzuras exquisitas, con flores por montones. Y así, tras la avispa, volaron sus tres amigas bienhechoras, y otras veinticuatro abejas, hambrientas, revoltosas y muy jóvenes…

Continúa en el artículo siguiente…..

diciembre 2017
L M X J V S D
« Oct    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

Comunidades y Grupos

Compartiendo Soledades en Facebook

facebook

Ser Humanos en Ning Entrar a Ser Humanos

Mis enlaces