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Trabajar en una misión de paz

Los jóvenes con vocación internacional pueden tomar parte en las operaciones de paz y ayuda humanitaria

  • Autor: Por AZUCENA GARCÍA
  • Fecha de publicación: 2 de septiembre de 2008

Si la paz es importante, su consolidación lo es aún más. Es una ardua tarea en la que se deben fortalecer las estructuras sobre las que se asientan el respeto a los derechos humanos, la convivencia pacífica y la seguridad colectiva. En el caso de España, su participación en misiones de paz se remonta a 1989. Desde entonces, ha aportado su ayuda a un total de 42 operaciones de paz y ayuda humanitaria. Pero ¿cómo se puede tomar parte en una misión de paz?

El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (MAEC) dispone de una Unidad de Funcionarios Internacionales (UFI) dedicada a promover la presencia de españoles en organismos internacionales. También ofrece información específica a aquellas personas “con un fuerte sentido de la solidaridad” que quieren trabajar en la cooperación al desarrollo, concede becas a jóvenes titulados universitarios superiores que quieren completar su formación profesional en este ámbito, informa acerca de las vacantes en organizaciones internacionales y ha editado una Guía de oportunidades profesionales en misiones de paz.

Requisitos

Las misiones de paz se concentran siempre en zonas geográficas determinadas. “Son unas estructuras creadas por la comunidad internacional para la ejecución de los acuerdos de paz”, explica la citada Guía. Trabajar en una misión de paz supone una oportunidad única. Permite participar en un esfuerzo internacional para mejorar la vida de un buen número de personas.

Las tareas que se realizan están marcadas por el mandato concreto de cada misión, aunque por lo general abarcan la asistencia para el fortalecimiento de la democracia, apoyo a la administración del territorio, supervisión del cumplimiento de los acuerdos y la reconstrucción de infraestructuras y/o servicios públicos, entre otras cosas.

Para ello, el personal que toma parte en las misiones de paz suele estar formado por personas expertas en temas jurídicos, promoción y protección de los derechos humanos, cuestiones de género, reformas socio-económicas, gobernabilidad y profesionales de la comunicación. En definitiva, un nutrido grupo de expertos a los que, generalmente, se exige buen conocimiento de inglés, buen estado físico, permiso de conducir y, en ocasiones, cursos de formación previos.

Disponibilidad

La disponibilidad es otra de las claves para trabajar en una misión de paz. En este sentido, la Guía recopila algunas “formas básicas” para determinar si una persona será o no capaz de “enfrentarse a los desafíos que surgen sobre el terreno y beneficiarse de la experiencia que se logra tanto a nivel profesional como personal”. Cuando se toma parte en una misión de paz hay que ser consciente de la responsabilidad que implica. En muchas misiones no es aconsejable acudir con la familia, lo que puede suponer una separación mínima de seis meses. “Las Organizaciones no ayudan a los miembros de la familia a lograr visados o a usar el transporte ni los otros servicios puestos a disposición del personal. Más aún: los miembros de la familia no se incluyen en las medidas de seguridad que se toman para proteger al personal de la misión”.

Se da prioridad a la capacidad de trabajo en equipo, con jornadas que pueden alargarse hasta 15 horas diarias durante los siete días de la semana. Hay que saber desenvolverse bajo presión, organizarse adecuadamente, responder bien a una situación estresante, ser sensible a la igualdad entre personas y “estar en buenas condiciones físicas y mentales”.

Un artículo publicado en Consumer

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La transparencia es una actitud clave para cualquier organización no lucrativa que contribuye a asegurar la sostenibilidad en el tiempo de la misma.

La transparencia es un factor clave para que las organizaciones no lucrativas generen confianza en aquellas personas o instituciones que les confían sus recursos. Es por ello que la mayoría de los investigadores subrayan la importancia de las auditorias como herramienta para gestionar este proceso de confianza.

El estudio llevado a cabo por SIGMA en colaboración con IESE IRCO señala que casi un 40% (69 de las entidades participantes) declara que su entidad ha sido auditada. Por tanto y teniendo en cuenta los escasos recursos con que cuentan estas organizaciones, parecería que en este terreno se está mejorando. Sin embargo, el mencionado estudio también se encontró con la reticencia de muchas organizaciones para comunicar la cifra global de su presupuesto para los años 2005 y 2006, lo cual manifiesta una escasa cultura de transparencia en las ONL. 

Aunque las asociaciones y fundaciones de menor tamaño y, por tanto recursos, no puedan implementar una auditoria externa, existen otras herramientas como la publicación de la memoria anual que les permite dar a conocer la procedencia y el destino de los recursos de la organización.

La transparencia es un tema de cultura organizativa, y básica para la sostenibilidad, que deben acometer tanto órganos de gobierno como la dirección general. El sector no lucrativo debe dar un paso más allá y adelantarse a lo que la sociedad o administraciones puedan reclamar.

Un artículo publicado en Diario Responsable

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