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Comencemos por lo obvio (¿o por la dificultad de ver lo obvio?): estamos en una dualidad.  Todo lo percibimos en pares de opuestos: alto/bajo, lindo/feo, rico/pobre, luz/oscuridad, bueno/malo.  Así, nos vamos de un extremo al otro, sea eligiendo, escapando… o cayendo sin tomar conciencia.
 
¿Cómo se manifiesta la dualidad en tu vida personal en forma más significativa?  “Soy el bueno, los otros son los malos” es la más común.  Proyectas en los demás todo lo que no te gusta o no quieres ver de ti mismo.  Ellos son tus espejos.   Seguramente, ya escuchaste esto mil veces.  ¿Cuánto lo pones en práctica?  ¿Cuántas veces reaccionas sin siquiera considerarlo un momento?
 
“Todo lo que me parece malo no soy yo, tengo que encontrar mi yo real” es una variación peligrosa.  ¿Por qué?  Porque rechazas y te peleas inhumanamente con esas partes negativas sin darte cuenta de que están ahí para que aprendas más de ti mismo, para profundizar tu comprensión.
 
Tú eres un Ser Íntegro.  Esto quiere decir que bueno y malo son simplemente las dos caras de una misma moneda.  Cuando puedas ver todas tus facetas y aceptarlas y darles lugar en tu espacio interno, entonces brillarás como el Ser Completo que eres y tendrás la paz que anhelas. 
 
¿Eras la “nena buena”/el “nene bueno” en tu infancia?  ¿Suprimías partes tuyas para agradar, para recibir aprobación, para que te quieran, para ayudar a los otros, para pasarla bien, para lo que sea?  Entonces, debes tener una gran mochila sobre tus hombros… y mucha oscuridad que busca ser iluminada.
 
Una mujer (es muy común este comportamiento entre nosotras) me escribió hace poco que ya no daba más, que estaba harta de cargar con todo: padres ausentes, parientes desagradecidos, maridos (dos) inútiles que no traían suficiente sustento al hogar, hijos difíciles, empleo espantosamente demandante, compañeros aprovechados.  Ella se describía buena y considerada con todos, atractiva, trabajadora incansable, capaz, exigente… ¡la Mujer Maravilla!  Le pregunté: ¿cuántas facetas no puedes ver de ti misma que necesitas que los demás actúen semejante nivel de abuso e ingratitud?, ¿qué comportamientos correctos y autosacrificados despliegas constantemente?, ¿qué estás negando?, ¿qué vacío tratas de llenar?, ¿qué idealizas tanto que precisas ser perfecta? Son interesantes preguntas para responderse, ¿no crees?
 
Durante mucho tiempo, jugué el rol opuesto.  Al ser rebelde, contestataria, independiente, con ideas innovadoras, yo era “la mala”.  Asumí el papel con ganas y tuve comportamientos destructivos más de una vez.  Ya de grande, comprendí que me negaba muchas partes espléndidas porque no correspondían a lo que se suponía yo era.  Hice (y sigo haciendo) una gran tarea interna para activar esos aspectos que también son  míos y atenuar otros, sin perder su fuerza.
 
Hablé de dualidad.  Estamos en los inicios de la trialidad: “el proceso de mezclar y combinar AMBOS elementos, TODOS los elementos, tratando de hacer algo nuevo y práctico, algo que funcione con precisión razonable bajo TODAS las circunstancias posibles”.  Lo más interesante de esto es que no hay reglas, no hay manuales en realidad.  Tú lo haces a tu manera.  Sólo hay herramientas que te ayudan, pero tú eres el creador del cómo, el cuándo, el para qué.
 
Paso a paso, de un momento al otro, sin expectativas ni castigos, puedes adentrarte en los mil modos que tu Ego ha adoptado en este cuerpo, en este tiempo, en este lugar, para jugar los aprendizajes que tu Alma se planteó al encarnar.  Sí, es un juego.  No hagas dramas ni tragedias innecesarias; ponle humor.  Pero sé impecable e implacable con los pensamientos y las emociones que te descentran, que te sacan de ese lugar de experimentación y creación.  Como dijo Ramtha: “Cuidado con las actitudes: no continúes fragmentando tu Yo con juegos vanos.  Es en las actitudes, todas ellas basadas en el pasado, donde está atrapado el Poder”.  No lo conseguirás en un pestañeo: es la tarea de la vida entera.  Vive plenamente el momento, con la conciencia totalmente atenta, con el corazón abierto.  Ya sabes que estoy aquí para acompañarte a lograrlo.

Un artículo de Laura Foletto

agosto 2017
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