En este vídeo que, hace el número 3 de la seríe, Leo Alcalá nos comenta otras dos herramientas de influencia: La Expresión de la Valoración y El Manejo de Expectativas Positivas.

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En esta segunda entrega de los 5 vídeos, Leo Alcalá nos habla sobre dos herramientas de influencia personal, Fomentar la Participación y El Poder del Modelaje.

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Iniciamos hoy, 5 post en los que compartiremos unos estupendos vídeos de Leo Alcalá en los que nos desvela 8 poderosas herramientas de influencia personal.

Hoy, comenzamos con La fuerza de escuchar

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Me gusta ver algunos reality shows en la televisión, como “¡No te lo pongas!” o “Trinny and Susannah”.  Se trata de cambiar totalmente el guardarropas de alguien a quienes sus familiares y amigos creen que se viste… mal.  Es bastante común que sean mujeres que jamás han gastado en sí mismas, pero sí para sus hijos o maridos o que ayudan a otros y que se esconden detrás de ropas demasiado grandes o ridículas.
 
Es bastante sorprendente a veces lo mal que se sienten cuando se tienen que ocupar de sí mismas, alejadas de todos.  Se niegan a gastar ¡tanto! en un tapado o en un par de zapatos.  En el fondo, se consideran feas, muy gordas o muy flacas, poca cosa, se han olvidado de sí mismas (si alguna vez se consideraron).  Algunas tapan esto con actitudes extravagantes o serviciales pero, al final, terminan dándose cuenta de su poca autoestima, de la necesidad de estar tras de los demás para ser alguien. 
 
Con el enorme cambio producido (no sólo externamente sino internamente), vuelven a sus casas y se encuentran con que los otros las aprecian más en esa nueva actitud que como estaban antes.  Esa es la paradoja de muchos (de las mujeres en especial): creen que son más valorados cuanto más se sacrifican, pero en realidad es al revés.
 
¿Por qué?  Porque esa actitud es una carga para los demás: tenemos que hacer felices a mamá porque ella se sacrifica por nosotros.  Ella no es feliz sola, ella no es nadie sin nosotros, ella da tanto que uno no puede compensar eso jamás, ella… nos carga de culpas…
 
Invariablemente, hay una cuota de resentimiento de las dos partes en esto.  De una, porque se pone a un lado, porque no tiene vida propia, porque no es reconocida.  De la otra, porque siente ese reclamo (expresado o no).
 
Por otro lado, esto encubre algo más profundo: una parte evita conocerse, ocuparse de su propio bienestar, saber qué otras posibilidades tiene.  La otra, evita crecer, hacerse responsable de su vida.  Las dos tienen un acuerdo tácito de mantener ese estado, sin desarrollar el verdadero potencial que traen.
 
¿Las mujeres “modernas” se salvan de esto?  No.  Más bien están más cargadas todavía.  El otro día, escuchaba la publicidad de una revista para “la mujer que era perfecta en todo: hermosa, excelente profesional, madre genial, esposa cariñosa, etc., etc.”.  ¡Mi Dios!, pensé, ¿alguna otra exigencia?  Tironeadas por sus propias demandas, las de sus hijos, las del trabajo, las de sus maridos, terminan abrumadas, cansadas, irritables. 
 
¿Y los hombres?  ¿La sacan mejor?  No.  Su viejo de rol de “proveedor” está más difícil y exigido que nunca.  Además, los cambios en las mujeres han puesto en entredicho mucho de sus ideas y acciones y les cuesta encontrar una nueva posición.
 
Hombres y mujeres están agobiados y oprimidos por antiguos y nuevos imperativos, con la imposición de que “deben ser perfectos”.  El Ego se mata con este tema, ya siempre se siente inadecuado, inacabado, desacertado, por lo que no puede percibir que YA somos perfectos e íntegros.
 
Como comentaba en el anterior Boletín, no es cuestión de correr detrás de las quimeras que la sociedad vende.  Más bien, se trata de frenar y replantearse quién es uno, qué quiere, cómo lo quiere, con quién desea compartirlo, para qué está aquí.  En fin, las grandes preguntas de siempre, que no conviene mucho reflotar porque, de lo contrario, saltarían las tontas y pobres pretensiones de estos tiempos, vestidas de Versace.
 
Como nunca, asistimos al embrutecimiento de las masas a través del entretenimiento (como escribí en “Discriminando” en el blog).  Nos cuesta horrores  estar en silencio, solos, escuchándonos.  Inmediatamente, crece el miedo, el vacío, los planteamientos, los sueños irrealizados, las recriminaciones. 
 
Confiar en nosotros mismos y en la Vida es una respuesta.  Una renuente respuesta al principio, ya que no estamos habituados.  Como mucho, después de leer material de autoayuda, confiamos en ser “positivos”.  Algo es algo, pero en el fondo no es más que lo mismo disfrazado. 
 
Confiar es abrazar la vida con todo lo que tiene.  Es saber que puedes con cualquier cosa, porque tú has creado esa cosa.  Es entregarte al fluir.  Es creer que todo es para tu propio bien y de la totalidad.  Es rendirte a la magia del presente, a este instante fugaz y eterno.  Es aceptarte y amarte.  Ya.

Un artículo publicado en Abrazar la Vida

Elena, una paciente, me dijo esto después de comenzar a abrir los ojos a una realidad que estaba todo el tiempo enfrente, pero no acertaba a ver con la mirada adecuada.  O, como comentó otro paciente, “yo estaba viendo otro canal”. 
 
El despertar a la verdadera naturaleza de este juego humano/divino está lleno de sorpresas.  Lo que creíamos que el otro nos hacía, era un cuento que nosotros habíamos inventado.  Lo que pensábamos que era castigo, mala suerte, karma, destino, era nuestra creación.  Lo que afirmábamos era desafecto de los demás, carencia, ingratitud, olvido de Dios, era falta de amor, de respeto, de confianza en nosotros mismos.
 
“¿En qué estaba pensando?”, “¿tan ciega estaba?” se repetía Elena, entre divertida, enojada, asombrada.   “Era como tener dos o tres colores y pintar lo que  podía.  Ahora, tengo un montón y no sé qué hacer, no me alcanzan las manos”.
 
Día a día, nuevas tomas de conciencia le van develando sus juegos, sus recursos, su potencial, sus sueños ocultos.  Esto la sorprende más todavía.  Antes, se proponía cosas y luchaba y se esforzaba y no conseguía lograrlas.  Ahora, en que se está clarificando ella misma y sus deseos, le comienzan a llegar las ideas, los contactos, las posibilidades… y esto la asusta.
 
Es paradójico, porque la verdad es que no sabemos encarar la vida sin dramas.  Nos encantan los dramas.  Si no tenemos uno personal, nos metemos en los de los otros o los inventamos.  Como dice el niño del video que os ofrezco aquí: “Preocuparse es rezar para que suceda lo que no quieres”… ¡y nos la pasamos rezando!!


 
Adictos a la adrenalina de las emociones y pensamientos negativos, al vacío desacralizado de la cultura imperante, a los noticieros que nos dicen que todo es un desastre, creemos que la vida es un sufrimiento interminable, una lucha agotadora para obtener lo que deseamos, una prueba exigente que rendir para ser aplazados al final.  Tiene algunas alegrías y logros de vez en cuando, pero se terminan pronto…
 
Hipnotizados por la ilusión en tres dimensiones, sin una visión espiritual internalizada e incorporada, compramos afuera lo que parece ser la felicidad, sin darnos cuenta de que TODO está adentro.  Cuando por fin caemos rendidos (y hay que rendirse para lograrlo), no podemos creer que lo que tanto buscábamos estaba ya en nosotros.
 
Elena asiste a situaciones que nunca pensó posibles, después de tanto lucharlas.   Ahora que está solucionando sus propios temas, metida en ella misma, su esposo le dice y hace cosas que siempre deseó, pero que él (cuando se las reclamaba resentidamente) le negaba.  Vuelvo a la paradoja (porque toda verdad es una paradoja): cuando uno suelta las exigencias, los dramas, las proyecciones, los conceptos equivocados, todo viene a uno fácil y sencillamente.  La Vida es simple.  Nosotros la complicamos.
 
Me dice: “Al comienzo es un poco doloroso, frustrante, confuso (producto de las defensas  y resistencias del Ego, agrego yo), pero me encanta.  Jamás volvería a lo de antes”.   De hecho, ya no se puede.  Una vez que abrimos la puerta, solo resta caminar hacia lo mejor de nosotros, hacia lo que somos.
 
Al principio, es excitante darse cuenta de tantas cosas y uno cree que ya no podrá más con tanto, pero… el alma sabe manejar el proceso y, cuando llega a un punto de saturación de ese peldaño de la evolución, frena para permitir INCORPORAR la información a la vida diaria.  Muchos se quedan en este paso y “se la creen”, como diríamos los argentinos.  Ya saben, ya está.  Se quedan en la teoría.  No, ése es un tiempo para poner en práctica lo aprendido.  Luego, vendrá otro escalón y otra experimentación.
 
Las herramientas son fáciles y familiares, pero hay que ponerlas en acción con constancia y entusiasmo.  Debemos aprender también a acallar las múltiples voces del adentro (las del Ego y sus inhumanas demandas) y del afuera (las de los cercanos, las de la sociedad) y, en el silencio, sintonizarnos con nuestra voz interior, ésa que tiene las respuestas. 
 
Esto también le está pasando a Elena.  Un día, escuchó una solución a un tema de salud, que jamás se le hubiera ocurrido (ni querido), pero que era el correcto.  Adentro, sabemos todo.  Quizás, por eso no queremos entrar en nosotros.  Seguimos deseando el drama, la mentira, la fachada vacía de contenido. 
 
Por mi propia experiencia y las de mis pacientes, libéralos.  Eres un Ser maravilloso, digno de las mejores vivencias, te lo voy a seguir repitiendo hasta que te lo creas.  En eso soy constante.  Yo también me lo insisto, porque cada vez descubro nuevos horizontes que explorar.

Un artículo de Laura Foletto

“La conciencia universal es frecuentemente comparada al océano: una masa fluida, indiferenciada, y la primera fase de la creación correspondería a la formación de olas. Una ola puede ser considerada como una entidad individual, sin embargo es evidente que la ola es el océano, y el océano es la ola. No hay separación ni distinción en última instancia.

La fase siguiente de la creación sería una ola rompiéndose sobre las rocas y evaporándose en el aire como gotas de agua, que existirán en tanto que entidades individuales durante un corto periodo, antes de ser nuevamente tragado por el océano. Así, tenemos aquí momentos fugitivos de existencia separada.

Pero imaginemos ahora el agua evaporándose formando una nube. Ahora, la unidad original se oscurece y se esconde detrás de una verdadera transformación, y es necesario tener algún que otro conocimiento de física para darse cuenta que esta nube es el océano, y el océano es la nube. Sin embargo, al final, el agua de la nube se va a reunir con aquella del océano bajo forma de lluvia.

La separación final, donde el vínculo con la fuente originaria aparece completamente olvidada, es muchas veces ilustrada por un copo de nieve que se ha cristalizado a partir del agua de la nube que, en su origen, se había evaporado del océano. Tenemos ahí una entidad muy estructurada, muy individual y separada que no implica, en apariencia, ninguna similitud con la fuente.

Ahora, tenemos realmente necesidad de un saber sofisticado para reconocer que el copo de nieve es el océano, y el océano el copo de nieve. Y para reunirse con el océano, el copo de nieve debe abandonar su estructura y su individualidad; debe someterse a la muerte de su ego, de alguna forma, para volver a su fuente.”

Stanislav Grof

Sofí­a llega a casa tras un largo día de trabajo. Charla con una amiga y prepara una cena para su novio. Pero algo sucede y se ve obligada a elegir entre la realidad, la ficción o algo que está¡ a medio camino entre ambas cosas. Lo que tú Quieras Oír es una historia de amor sobre la relación entre la ficción y la realidad.

Para verlo con detenimiento

Continuación del artículo anterior

Seis sueños hechos realidad

“La experiencia es lo que logras cuando no consigues lo que quieres”, escribe en ‘The Last Lecture’ este científico que no será recordado por sus descubrimientos. “Tocó a muchas personas porque fue auténtico”, aseguró a Los Angeles Times Jeff Zaslow, coautor del libro. “Estoy en mejor forma que muchos de vosotros”, clama Pausch tras anunciar el cáncer en su ‘última lección’ antes de ponerse a hacer flexiones.

No quiso hablar de cáncer, sino de sus seis sueños infantiles: estar en gravedad cero, jugar en la NFL, firmar un artículo en la enciclopedia ‘World Book’, ser el Capitán Kirk, ganar un peluche y ser un creativo de Disney. Consiguió cumplirlos todos, íntegros o en versiones reducidas.

No llegó a Capitán Kirk, pero gracias a su popularidad, el director J. J. Abrams le invitó a interpretar un papel con una línea de texto en la última película de Star Trek, que se estrenará en 2009. También tuvo sus 25 segundos de ingravidez gracias a la NASA. Y la enciclopedia ‘World Book’ le invitó a escribir su entrada sobre ‘realidad virtual’, materia en la que es experto.

Tampoco logró su sueño de convertirse en creativo de Disney, pero si les ayudó con algunas atracciones de realidad virtual para Disney World. Y su sueño de jugar en la NFL se vio cumplido a medias cuando, un mes después de su lección, fue invitado a recibir pases en un entrenamiento de los Pittsburgh Steelers.

En la Universidad Carnegie Mellon destacan su “enorme impacto”. Jared L. Cohon, presidente del centro, aseguró en un comunicado que su “amor por la enseñanza, su sentido del humor y su brillantez” se unieron para crear Alice, un programa para niños que en un entorno de dibujos amigables les enseña los primeros pasos de la programación.

También aprovechó su fama para llamar la atención sobre la necesidad de investigar el cáncer, sin perder nunca su sentido del humor, heredado de su madre: “Tras doctorarme, mi madre me presentaba así: “Éste es mi hijo. Es doctor, pero no de los que ayudan a la gente“, decía sobre ella, que todavía vive y que, por suerte, se equivocó por completo en su predicción.

Un artículo de Sergio Rodriguez

El 18 de septiembre de 2007, el profesor y científico Randy Pausch tenía previsto dirigirse a 400 estudiantes y colegas de la Universidad Carnegie Mellon para cumplir con una tradición académica denominada ‘Última lección’ (Last Lecture). Lo que nadie se esperaba es que abriese su intervención con un anuncio: tenía cáncer de páncreas y los médicos le daban entre tres y seis meses de vida. “Es lo que es y no podemos cambiarlo”, aseguró, antes de afrontar la charla con un humor y sentido común que le convirtieron en una celebridad.

‘Cómo cumplir verdaderamente los sueños de tu infancia’ se tituló aquella última lección sobre la perseverancia, una lección de vida y muerte que, gracias a Internet, se convirtió en un éxito mundial y, después, en un libro escrito junto a Jeff Zaslow, reportero del ‘Wall Street Journal’, titulado ‘The Last Lecture’. Hoy es un ‘best-seller’ que ha llegado a 32 idiomas y ha vendido más de cinco millones de ejemplares.

Incluso Oprah Winfrey llevó a este profesor, pionero de la realidad virtual y fan de Star Trek a su ‘show’, donde Pausch dio una versión corta de su intervención en la Carnegie Mellon a millones de personas. Un discurso de aproximadamente una hora y cuarto de duración que en YouTube ha sido visto más de tres millones de veces.

“Estoy intentando meterme en una botella que un día aparecerá en la playa para mis hijos”, aseguró en aquella lección para intentar explicar sus motivos. No en vano, Pausch, considerado como una de las 100 personas más influyentes por ‘Time’, insistía en que tanto su charla como su libro estaban preparados para sus hijos, una audiencia de cinco, dos y un año.

Para intentar frenar el cáncer, este profesor se sometió a agresivas cirugías y quimioterapia experimental. Pero la enfermedad siguió su curso y casi 10 meses después de anunciarlo, Pausch falleció en su casa de Chesapeake, Virginia, a los 47 años. Sus últimos meses de vida fueron una verdadera crónica de una muerte anunciada y amplificada por su éxito global en la Red.

Continúa en el artículo siguiente….

Por qué continuar luchando

El lector Gerson Luiz cuenta la historia de una rosa que deseaba la compañía de las abejas, pero ninguna se le acercaba.

A pesar de todo, esta flor aún era capaz de soñar: Cuando se sentía sola, imaginaba un jardín cubierto de abejas, y que todas venían a besarla. Y conseguía resistir hasta el próximo día, cuando, una vez más, abría sus pétalos.

-¿No te sientes cansada? –alguien debe haber preguntado.

-No. Tengo que continuar luchando –responde la flor.

-¿Por qué?

-Porque si no me abro, me marchito.

 

Aprendiendo a ver

Buda reunió a sus discípulos y les mostró una flor de loto.

-Quiero que me digáis algo sobre esto que tengo en las manos.

El primero hizo un verdadero tratado sobre la importancia de las flores. El segundo compuso una bonita poesía sobre sus pétalos. El tercero inventó una parábola usando la flor como ejemplo.

Cuando le tocó el turno a Mahakashyap, éste se aproximó a Buda, olió la flor, y acarició su rostro con uno de los pétalos.

-Es una flor de loto –dijo Mahakashyap. –Simple, como todo lo que viene de Dios. Y bella, como todo lo que viene de Dios.

-Tú has sido el único que has visto lo que tenía en las manos –fue el comentario de Buda.

 

En busca de un sabio

Durante días, la pareja caminó casi sin cruzar palabra. Finalmente llegaron al centro del bosque, y encontraron al sabio.

-Mi compañera casi no ha hablado conmigo durante el viaje –dijo el chico.

-Un amor sin silencios es un amor sin profundidad –respondió el sabio.

-¡Pero ella ni siquiera me ha dicho que me quiere!

-Hay personas que no paran de repetir esto, y al final acabamos por desconfiar de sus palabras.

Los tres se sentaron sobre una roca. El sabio apuntó hacia el campo de flores que tenían a su alrededor.

-La naturaleza no repite constantemente que Dios nos ama. Pero lo podemos comprender a través de sus flores.

 

En la floristería

La mujer caminaba por un centro comercial cuando se fijó en el cartel: una nueva floristería. Al entrar, se llevó un susto: no vio ninguna maceta, ningún ramo, ninguna cesta, pero era Dios en persona quien atendía en el mostrador.

-Puedes pedirme lo que quieras –dijo Dios.

-Quiero ser feliz. Quiero paz, dinero, facilidad para hacerme entender. Quiero ir al cielo cuando muera. Y quiero que todo esto se conceda también a mis amigos.

Dios se dio la vuelta y abrió algunos botes que estaban en el estante, sacó de dentro algunos granos, y le extendió la mano a la mujer.

-Aquí tienes las semillas –dijo. –Comienza por plantarlas, que aquí no tenemos los frutos.

Publicado en Guerrero de la Luz on-line

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