Elena, una paciente, me dijo esto después de comenzar a abrir los ojos a una realidad que estaba todo el tiempo enfrente, pero no acertaba a ver con la mirada adecuada.  O, como comentó otro paciente, “yo estaba viendo otro canal”. 
 
El despertar a la verdadera naturaleza de este juego humano/divino está lleno de sorpresas.  Lo que creíamos que el otro nos hacía, era un cuento que nosotros habíamos inventado.  Lo que pensábamos que era castigo, mala suerte, karma, destino, era nuestra creación.  Lo que afirmábamos era desafecto de los demás, carencia, ingratitud, olvido de Dios, era falta de amor, de respeto, de confianza en nosotros mismos.
 
“¿En qué estaba pensando?”, “¿tan ciega estaba?” se repetía Elena, entre divertida, enojada, asombrada.   “Era como tener dos o tres colores y pintar lo que  podía.  Ahora, tengo un montón y no sé qué hacer, no me alcanzan las manos”.
 
Día a día, nuevas tomas de conciencia le van develando sus juegos, sus recursos, su potencial, sus sueños ocultos.  Esto la sorprende más todavía.  Antes, se proponía cosas y luchaba y se esforzaba y no conseguía lograrlas.  Ahora, en que se está clarificando ella misma y sus deseos, le comienzan a llegar las ideas, los contactos, las posibilidades… y esto la asusta.
 
Es paradójico, porque la verdad es que no sabemos encarar la vida sin dramas.  Nos encantan los dramas.  Si no tenemos uno personal, nos metemos en los de los otros o los inventamos.  Como dice el niño del video que os ofrezco aquí: “Preocuparse es rezar para que suceda lo que no quieres”… ¡y nos la pasamos rezando!!


 
Adictos a la adrenalina de las emociones y pensamientos negativos, al vacío desacralizado de la cultura imperante, a los noticieros que nos dicen que todo es un desastre, creemos que la vida es un sufrimiento interminable, una lucha agotadora para obtener lo que deseamos, una prueba exigente que rendir para ser aplazados al final.  Tiene algunas alegrías y logros de vez en cuando, pero se terminan pronto…
 
Hipnotizados por la ilusión en tres dimensiones, sin una visión espiritual internalizada e incorporada, compramos afuera lo que parece ser la felicidad, sin darnos cuenta de que TODO está adentro.  Cuando por fin caemos rendidos (y hay que rendirse para lograrlo), no podemos creer que lo que tanto buscábamos estaba ya en nosotros.
 
Elena asiste a situaciones que nunca pensó posibles, después de tanto lucharlas.   Ahora que está solucionando sus propios temas, metida en ella misma, su esposo le dice y hace cosas que siempre deseó, pero que él (cuando se las reclamaba resentidamente) le negaba.  Vuelvo a la paradoja (porque toda verdad es una paradoja): cuando uno suelta las exigencias, los dramas, las proyecciones, los conceptos equivocados, todo viene a uno fácil y sencillamente.  La Vida es simple.  Nosotros la complicamos.
 
Me dice: “Al comienzo es un poco doloroso, frustrante, confuso (producto de las defensas  y resistencias del Ego, agrego yo), pero me encanta.  Jamás volvería a lo de antes”.   De hecho, ya no se puede.  Una vez que abrimos la puerta, solo resta caminar hacia lo mejor de nosotros, hacia lo que somos.
 
Al principio, es excitante darse cuenta de tantas cosas y uno cree que ya no podrá más con tanto, pero… el alma sabe manejar el proceso y, cuando llega a un punto de saturación de ese peldaño de la evolución, frena para permitir INCORPORAR la información a la vida diaria.  Muchos se quedan en este paso y “se la creen”, como diríamos los argentinos.  Ya saben, ya está.  Se quedan en la teoría.  No, ése es un tiempo para poner en práctica lo aprendido.  Luego, vendrá otro escalón y otra experimentación.
 
Las herramientas son fáciles y familiares, pero hay que ponerlas en acción con constancia y entusiasmo.  Debemos aprender también a acallar las múltiples voces del adentro (las del Ego y sus inhumanas demandas) y del afuera (las de los cercanos, las de la sociedad) y, en el silencio, sintonizarnos con nuestra voz interior, ésa que tiene las respuestas. 
 
Esto también le está pasando a Elena.  Un día, escuchó una solución a un tema de salud, que jamás se le hubiera ocurrido (ni querido), pero que era el correcto.  Adentro, sabemos todo.  Quizás, por eso no queremos entrar en nosotros.  Seguimos deseando el drama, la mentira, la fachada vacía de contenido. 
 
Por mi propia experiencia y las de mis pacientes, libéralos.  Eres un Ser maravilloso, digno de las mejores vivencias, te lo voy a seguir repitiendo hasta que te lo creas.  En eso soy constante.  Yo también me lo insisto, porque cada vez descubro nuevos horizontes que explorar.

Un artículo de Laura Foletto

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