Mientras resurgen en el mundo algunas de las formas más perversas de trato entre las personas y los pueblos (guerra en Osetia de Sur y Georgia, aumento de las restricciones a la libre circulación y permanencia de las personas de países pobres que van a buscar un futuro mejor para sí y sus familias, nuevos casos de corrupción y negociados), otras fuerzas aportan al balance entre el bien y el mal, contribuyendo desde donde pueden y están, a enderezar el rumbo hacia un mundo más humano y mejor para todos.

 

Estas fuerzas de cambio hacia lo positivo, se nutren de los esfuerzos de miles de personas que han entendido que su espacio de poder tiene el suficiente valor como para decidirse a utilizarlo. Se hacen cada vez más conscientes que cada gota que puedan aportar con sus decisiones cotidianas, hace a la conformación de un océano de dignidad para el conjunto. Esto es lo que se percibe cuando en los eventos de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) que se organizan en nuestro país y en la región, cada vez hay más gente que participa y se interesa por formarse, aprender y compartir.

 

En menos de 15 días tuve el placer de ver por un lado, a una treintena de alumnos del Magister en Gestión de Agro Negocios de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo participando muy activamente de la cátedra de RSE; una semana después, ver que en el Foro Anual de VALOS en Mendoza se reunieron casi medio millar de empresarios y personas interesadas por la RSE en su dimensión de construcción de ciudadanía desde la región cuyana. Y para cerrar la quincena, la alegría y esperanza que genera ver que otro medio millar de jóvenes estudiantes terciarios y universitarios se inscriben y participan con sumo interés de las Primeras Jornadas Nacionales de RSE para Estudiantes y Docentes Terciarios y Universitarios celebrado en Córdoba con la organización del IARSE y el respaldo de institutos, universidades y empresas del medio.

 

Estas son las fuerzas que compensan las tendencias negativas que nos acosan, y que generan esperanza, la que viene del verbo esperanzar, no de la del verbo esperar. Esta esperanza animosa nos permite visualizar un escenario de empresas y sociedades co-evolucionando en materia de responsabilidad social, de nuevos gestores que serán capaces de tomar decisiones que aumenten la dignidad humana, la inclusión y el cuidado del mundo que tomamos prestado de las generaciones por venir.

 

Como afirmaba Karl Popper las instituciones no actúan, son las personas las que actúan a su nombre. Ese es el cambio que se está registrando: personas que se descubren como tales, y que el marco de las instituciones u organizaciones de las que forman parte o dirigen, comienzan a actuar de manera cada vez más seria, ética y responsable. Desarrollan visión de conjunto y de largo plazo, deciden y se comportan pensando en las futuras generaciones; mientras las próximas generaciones de dirigentes se forman también en responsabilidad social individual, grupal, comunitaria, empresarial y social.

 

Nuestro boletín tiene esa misión, registrar y mostrar esos procesos esperanzadores. Ojalá estemos a la altura del desafío. Su compañía en esto es vital. ¡Muchas gracias!

Luis Ulla
Director Ejecutivo
IARSE
lulla@iarse.org / www.iarse.org

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