Tarde o temprano, pero el momento llega. Todas las personas en alguna etapa de nuestra vida nos cuestionamos si en realidad hemos logrado las metas que nos propusimos cuando planeamos nuestro futuro; es común calificar nuestro desempeño como exitoso si nuestros logros están a la altura de lo que esperábamos o, mejor aún, si superamos nuestras expectativas.

¿De que manera podemos saber si la estamos haciendo? Esto es relativo, porque el concepto del éxito depende de la formación de cada persona, de sus aspiraciones, de sus necesidades y sobre todo, del tipo de gente de la que se rodea. También tiene que ver la edad pues lo que nos da estatus ante los demás en los años mozos, puede ya no interesarnos cuando cumplimos cuarenta. Debemos reconocer que, generalmente, es la sociedad la que mide nuestro éxito de acuerdo con el prestigio que nos otorga el dinero, la posición social, la preparación y el liderazgo. La evaluación más importante es la que nos hacemos nosotros mismos y esto depende de nuestras verdaderas aspiraciones.

Un error común al tratar de obtener el éxito lo es el equivocar el camino por tratar de darle gusto a otras personas a quienes consideramos importantes en nuestra vida, por ejemplo nuestros padres, o algunas personas a quienes admiramos y a quienes, conciente o inconcientemente tratamos de imitar aunque sus proyectos de vida sean totalmente distintos a los nuestros. Es por ello, que al establecer nuestra meta, debemos asegurarnos de que ésta realmente recompense suficientemente todos los esfuerzos que por ella estamos dispuestos a realizar.

El doctor en sociología Roberto Bermúdez, académico e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM define el éxito de acuerdo al estrato social, dice que el prestigio y el éxito dependen del círculo social en el que se desenvuelve la gente.

En el medio rural, respecto al éxito, la propiedad de la tierra es importante, así como el cumplir cargos públicos. En las zonas urbanas obreras, el éxito lo representa un trabajo que permita vivir con dignidad y que permita darle a los hijos una educación aceptable. Para la clase media, es importante tener una profesión, negocio u oficio que permita tener otros satisfactores. En los grandes centros urbanos, la apariencia es lo más importante, así como las amistades que se frecuentan. El ser reconocido en público también significa éxito.

Después de un minucioso estudio de las personas que la gente considera más exitosas de todos los tiempos, se han identificado los factores más importantes que influyeron en ellas para lograr el éxito. Si reflexionamos y repasamos cada uno de los siguientes puntos podemos identificar cual nos ha faltado y con ello también podemos revalorar y replantear nuestros objetivos para echarle todas las ganas y alcanzar las nuevas metas.

Objetivos. Debemos dirigir todos nuestros esfuerzos en lo que nuestra vocación nos indique, de esta manera, haremos con gusto lo que sea necesario para alcanzar nuestros objetivos. El ponerlos por escrito ayuda.

Ferviente deseo de logro. Auto confianza, fe en si mismo, optimismo para no sentirse desanimado y para estar siempre listo para recomenzar si es necesario.

El movimiento se demuestra andando. Tenemos que romper la inercia, para terminar algo, primero es necesario empezarlo, los planes sin acción, carecen de sentido. Edison decía que el genio es 1% de inspiración y 99% de trabajo. No aflojes el paso, celebra tus logros, pero también, aprende de los errores.

Administrar el tiempo. El recurso no renovable, el que nunca se recupera, si lo administras bien serás muy eficiente y disfrutaras más tu vida privada. La buena administración de tu tiempo te permitirá dedicarle tiempo suficiente a tu familia, y a tus amigos, la ayuda y la inspiración muchas veces puede venir de quien menos lo esperes; también tendrás tiempo para ti mismo, para escuchar a tu mejor juez: tu mismo, tu conciencia, tu yo interno que te ayudará a replantearte tus aspiraciones y tus temores.

Disciplina. Jamás pospongas tus deberes, primero lo primero, quizá no haya más tiempo para hacerlos después.

Responsabilidad y persistencia. Cuida todos los detalles de tu carrera, mantente actualizado. No pierdas de vista lo importante para que no acabes haciendo trivialidades. Cuando decidas algo, no cambies de parecer si estás seguro de que es lo correcto. Piensa en todas las oportunidades que se te presentan, mantén muy alta la autoestima.

Toma riesgos medidos. Todas las oportunidades tienen un grado de riesgo, antes de decidirte por alguna, analízalas. Pero una vez que las hayas analizado, no pospongas tu decisión, recuerda que generalmente, detrás de un problema, hay una decisión no tomada.

Prepárate para los cambios. Evoluciona, la vida no siempre sigue un trayecto directo, toma los imprevistos con humor, al mal tiempo buena cara. Siempre hay nuevos caminos y nuevas formas de hacer las cosas.

Demuestra liderazgo. Un buen líder escucha y anima a quienes lo rodean, un buen líder, hace equipo y crea sinergia, mantiene un buen grado de comunicación. Un buen líder agrupa a sus compañeros en pos de objetivos comunes, los motiva a seguir aprendiendo, no acepta la mediocridad y siempre muestra una actitud positiva.

Cuídate a ti mismo. “Dios perdona siempre, los padres casi siempre, las parejas rara vez y el cuerpo nunca”.Quiérete, mente sana en cuerpo sano, los triunfos no sirven cuando la salud merma. Nada con exceso, todo con medida.

A fin de cuentas, como podemos ver, el éxito esta al alcance de todos y de todas.

Un artículo de Juán Manuel Gonzalez Cerda

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